Generalmente cuando viajamos estamos acostumbrados a observar los paisajes clásicos, los paisajes macro, aquellos que completan nuestra mirada a simple vista y por ser tan maravillosos nos hacen quedarnos en ellos, sólo en ellos. No nos permiten ver adentro o más allá. Y si simplemente mirásemos hacia abajo mientras caminamos, nos encontraríamos con otro paisaje, el que complementa al anterior. Y allí observaríamos sus flores, sus animales, sus colores, su textura, su tierra, su vida.
En Ushuaia aprendí a apreciar los detalles de la naturaleza, por qué están ahí, qué rol cumplen, cómo viven. Y aprendí a disfrutarlos.
Te doy un consejo: cuando decidas realizar una caminata por algún paisaje, probablemente sientas que se te hace larga y no es mucho lo que ves. Te invito a probar de este modo: observa a cada paso, arriba y abajo, izquierda y derecha, pregunta si no entendes, escucha lo que te cuentan, o simplemente observá y recordá.
Seguramente, la caminata resulte más larga y más rica.
Experimentá y después me contás.
Gracias a Mariano y Ceci que me ensañaron a descubrir estas sensaciones.





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