Los indios tehuelches identificaron a esta montaña con el nombre de Chaltén, que en su lengua significa "Montaña que echa humo". Y así es como este pequeño poblado de 400 habitantes se empezó a llamar de esta manera.
Las comunidades que nos antecedieron eran más simples, llanas y concretas. Si lo que resalta en un paisaje es una montaña que parece echar humo, así de sencillo bautizaremos al lugar.
Y así es. El Chaltén es un valle pequeño rodeado de ondulaciones montañosas y picos góticos dentro de los que destaca el pico al que debe su nombre. Y no es un volcán, pero si lo parece y la imaginación es mas placentera que la realidad. Desde lo lejos de la ruta se ve, imponente, esta montaña con su pico rodeado de la aureola de un ángel. Es un aro de nubes que constantemente protege el entorno de su pico afilado.
Es una imagen auténtica y perseverante.
El Fitz Roy es el afán de los andinistas. Los demás picos que la acompañan llevan el nombre de los andinistas que los conquistaron, entre ellos, Saint Exupery.
El pueblo del Chaltén tiene un nuevo slogan: "La Capital nacional del trekking". Suena exuberante, pero no está tan errado. El Chaltén es para caminar y caminar y aventurarse entre sus cordones cordilleranos y encontrar los tesoros que resguardan.
Entre las alturas de sus paisajes montañosos, hay glaciares y hay lagunas y lagos, hay cascadas y chorrillos, árboles y arbustos.
Es increible como la naturaleza distribuyó de manera armoniosa su paisaje.

Llegamos al Chaltén en un road trip de un día. Alquilamos un auto en Calafate y a la hora de la siesta, salimos a la ruta. Doscientos veinte km aproximadamente te deparan de recorrido. La ruta, ya vieron, es desolada. La estepa infinita te sigue a ambos lados. Tal vez un animal se cruza en el camino. Es un paseo de lo más agradable. Disfrutar de un camino es incomparable. Y te dan ganas que sigan los kilómetros y nunca parar. Nos dimos cuenta que estábamos llegando cuando a lo lejos se apreciaba la montaña humeante. Había oído del Fitz Roy, pero hasta que lo vi me di cuenta de su belleza. El Chaltén empezaba a cautivarme. A nuestra izquierda, la estepa había cambiado por lago de deshielo, una nueva lengua congelada se asomaba entre las montañas. Otra vez glaciar!!! No lo podíamos creer. Esta vez se trataba del Glaciar Viedma y su respectivo lago. Dicen que es el segundo más grande de todos. Ahí reaccioné: aún estábamos dentro del Parque Nacional de los Glaciares. Y paso a presumirles que aquel tiene 724.000 hectareas de superficie cuyo 30% es hielo.
Llegamos a las cinco de la tarde. Subimos al mirador de los cóndores aunque no tuvimos mucha suerte de encontrarnos con alguno. No obstante valió la pena, vean abajo.

Al compás del amanecer, despertamos en el auto dentro de un campamento libre rutero. Ilusionados con presenciar una imagen bastante única del Fitz Roy, nos abrigamos bien y salimos a verlo. Pero había amanecido algo nublado como suele suceder la mayoría de los días del año. Pero quiero volver por ese tesoro. Si tenés suerte y amanece despejado, podrás ver el Fitz Roy pintado de rojo fuego. ¿No volverías las veces necesarias hasta poder verlo? Yo si. El Chaltén es para quedarse un buen rato. Cargar mochila de trekkinero y carpa, y empezar a andar y andar, y acampar en la mitad de la montaña en algún refugio. Y así ir encontrando los diversos paisajes que en la cordillera del Chaltén te espera. Yo apenas vi un poco, pero fue suficiente para creer y añorar lo que aún no pude ver.

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