Recuerdo un día domingo a lo criollo: café con leche y medialunas. Asadito al mediodía. Churros bañados en chocolate por la tarde, ronda de mate a su lado. Pero el mate lo dejo para un próximo relato.
Tarde de domingo, nostalgia de reunión familiar, un telefonazo con algún amigo de espontaneas reflexiones domingueras.
A la distancia, las comidas toman mayor sabor. A cada hora se recuerdan con más precisión.
El café con leche y medialunas de grasa en una mañana sin apuro, comentando el clima matutino o algún suceso del diario o qué soñamos la noche pasada. Alguien sugiere el mate y entonces mezclamos café, leche y mate. Y el mate es el que perdura hasta llegar al asado, anhelado asado.
Y no quedan huecos de respiro. Al asado lo precede el mate una vez más y le acompañan los churros con chocolate (y ojalá rellenos de dulce de leche). Y el día sigue rodando, y la digestión va de la mano de la charla de sobremesa.
Qué buen momento, no?




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