martes 26 de febrero de 2008

PINGUINOS

Papúa
Magallánicos

En su isla
Papúa se retira
Papúa ve de costado
Papúa sigue andando
Papúa divisa algo en el camino

Papúa se detiene a observar Papúa decide retomar su andar
Papúa se aleja más, indiferente
Papúa mira de costado a ver si alguien lo sigue
Papúa finalmente encuentra donde permanecer a contemplar

Siempre había tenido el deseo de conocer a los pinguinos. No me esperaba hacerlo realidad en Ushuaia hasta que un día partimos desde la Estancia Harberton rumbo a la "Pinguinera". El viaje a destino estaba acompañado de una tranquilidad sublime. El atardecer se hacía presente lentamente, las montañas, el agua, las islas desparramadas y nadie más. Nos acercamos de a poco a la isla de los pinguinos. Y allí estaban, eran muchos, todos iguales, pero cada quien jugando algo diferente. Algunos se zambullían en la fría agua, otros parecían conversar en la orilla, otros dormían, otros reposaban y contemplaban el paisaje. Había uno solo que era diferente, se llamaba Papúa. Sus patas y pico eran de color anaranjado. El resto eran Magallánicos, completamente vestidos de negro y blanco.
Su andar era muy particular y gracioso. Y como convivían entre sí, maravilloso.
Debo reconocer que ni bien los vi, me emocioné. Son seres muy sensitivos y expresivos y es muy cálido observarlos como conviven en una gran comunidad y comparten y a no ser que los molestes, nunca se sentirán intimidados por tu presencia.