Papúa
Magallánicos
En su isla
Papúa se retira
Papúa ve de costado
Papúa sigue andando
Papúa divisa algo en el camino
Papúa se detiene a observar
Papúa decide retomar su andar
Papúa se aleja más, indiferente
Papúa mira de costado a ver si alguien lo sigue
Papúa finalmente encuentra donde permanecer a contemplarSiempre había tenido el deseo de conocer a los pinguinos. No me esperaba hacerlo realidad en Ushuaia hasta que un día partimos desde la Estancia Harberton rumbo a la "Pinguinera". El viaje a destino estaba acompañado de una tranquilidad sublime. El atardecer se hacía presente lentamente, las montañas, el agua, las islas desparramadas y nadie más. Nos acercamos de a poco a la isla de los pinguinos. Y allí estaban, eran muchos, todos iguales, pero cada quien jugando algo diferente. Algunos se zambullían en la fría agua, otros parecían conversar en la orilla, otros dormían, otros reposaban y contemplaban el paisaje. Había uno solo que era diferente, se llamaba Papúa. Sus patas y pico eran de color anaranjado. El resto eran Magallánicos, completamente vestidos de negro y blanco.
Su andar era muy particular y gracioso. Y como convivían entre sí, maravilloso.
Debo reconocer que ni bien los vi, me emocioné. Son seres muy sensitivos y expresivos y es muy cálido observarlos como conviven en una gran comunidad y comparten y a no ser que los molestes, nunca se sentirán intimidados por tu presencia.
